Leer implica dos funciones simultáneas, complementarias e igualmente necesarias: descubrir las relaciones fonema-grafema asociándolas con relativa velocidad y captando el mensaje. Y además reconocer el significado del texto, interpretarlo e incluso juzgarlo y valorarlo. Ambas funciones deben interactuar. (Lebrero, 1988)
Los niños poseen conocimientos previos y pertinentes acerca de la lectura y la escritura pero necesitan ser instruidos y guiados en el aprendizaje de las mismas y de la forma en que se haga dependerá que desarrollen unas u otras habilidades. De aquí la importancia de tener presente que el acceso al código debe inscribirse siempre en contextos significativos para el niño. Si se trabaja el código aisladamente, de forma descontextualizada, no sólo no se aprovecha ese bagaje, significativo y funcional, sino que estamos construyendo una idea errónea de lectura. Por lo tanto la lectoescritura, como proceso, debe ser enseñada por un alfabetizador que sepa ofrecer un modelo que permita ver las estrategias en acción y siempre en marcos significativos y funcionales.
La lectura "es un proceso activo, cognitivo, de elaborar significados a partir de la confrontación entre el contenido del texto y el trasfondo psicolingüístico del lector "( Bravo, 1995). A partir de ello, entonces se puede decir que, en aquellos niños que inician su proceso lector, debemos considerar que la comprensión estará íntimamente ligada al desarrollo de habilidades de lenguaje previas que son necesarias para la comprensión de significado. Esto quiere decir que la lectura inicial, requiere del desarrollo de factores verbales previos para tener éxito en el proceso lector. Por lo tanto, la estimulación en comprensión lectora supone un trabajo paralelo de desarrollo de habilidades verbales o psicolingüísticas, si éstas no han sido desarrolladas.
Es importante conocer los procesos que intervienen en la adquisición de la lectura, las estrategias de intervención y evaluación educativas por parte del alfabetizador deben fundamentarse en el conocimiento de los procesos cognitivos que se ponen en juego cuando leemos y escribimos. Si el docente entiende cómo aprenden sus alumnos a leer y a escribir, es decir la forma de pensar de los niños en lo que respecta a la apropiación de este sistema de representación puede intervenir y orientar con mayor efectividad.
Existen cuatro procesos implicados en la lectura: procesos perceptivos, léxicos, sintácticos y semánticos (Cuetos, 1990). A continuación se describirán los dos primeros.
Procesos perceptivos: El aprendizaje perceptivo consiste en aprender a extraer la información relevante que especifica las características permanentes, los rasgos distintivos de un objeto, los aspectos invariantes de un evento. Lo que caracteriza a este tipo de aprendizaje es un aumento en la especificidad de la discriminación del estímulo, en la diferenciación de la información del estímulo.(Borzone,1988)
A través de estos procesos obtenemos y extraemos información de las formas de las letras y de las palabras. Esta información permanece durante un breve instante en nuestra memoria icónica (apenas unas centésimas de segundo), que se encarga de analizar visualmente los rasgos de las letras y de distinguirlas del resto. Pero este tipo de memoria no es suficiente ni efectiva si no existiese otra clase de memoria que nos permita atribuir un significado a los rasgos visuales que se han percibido. A este tipo de memoria se la denomina memoria operativa o memoria a corto plazo, en la que los rasgos visuales se convierten en material lingüístico, de tal forma que la forma “F” se identifica como la letra F. Pero además de la memoria operativa, debe existir otro almacén o memoria a largo plazo en el que se encuentren representados los sonidos de las letras del alfabeto.Lo que demuestra cada vez con mayor fuerza que los fracasos en lectura raramente se deben a los procesos perceptivos (Rodríguez Jorrín, 1987). Cuando un alumno confunde la letra “b” con la “d” no es porque no perciba bien la orientación de la curva o la ubicación de las letras, sino porque no ha consolidado aún la asociación de ciertos grafemas con sus fonemas. La mayoría de las actividades dedicadas a la recuperación de estas dificultades se han basado en entrenar al alumnado en tareas de orientación espacial y esquema corporal, con la idea de madurar estas habilidades para la adquisición de la lectura. En realidad experimentalmente no se ha demostrado que este entrenamiento posibilite remediar las dificultades de inversión. La explicación a las dificultades de inversión y sustitución tienen relación con dificultades en la toma de conciencia de la secuencia fonémica de los sonidos que conforman las sílabas y las palabras.Procesos léxicos: Los procesos léxicos, nos permiten acceder al reconocimiento y significado de las palabras. Existen dos vías o rutas para el reconocimiento de las mismas, es lo que se ha denominado el modelo o ruta dual de lectura. Una es la ruta fonológica, permite llegar al significado convirtiendo cada grafema en su correspondiente sonido y a través de esos sonidos acceder al significado. La otra es la ruta léxica o directa, conecta directamente la forma ortográfica de la palabra con su representación interna. Esta forma sería similar a lo que ocurre cuando identificamos un dibujo o un número, ocurre con las palabras de frecuente visualización o lectura.La existencia de ambas rutas puede comprenderse mejor analizando este ejemplo :
la lectura de ambas palabras es muy diferente. En el primer caso (neomenia) se opera con mayor lentitud, descifrando cada uno de los signos antes de componer la palabra oralmente: n / e / o / m / e / n / i / a /. En el segundo caso este proceso es mucho más rápido la palabra es reconocida instantáneamente. Cuando la palabra es muy frecuente para nosotros la reconocemos inmediatamente / pato /, en caso contrario la decodificamos / neomenia /. Las dificultades pueden provenir de cada una de estas rutas o de ambas. Ambas rutas son complementarias, los considerados como buenos lectores tienen desarrolladas estas dos vías.Cuando comienza la enseñanza sistemática de la lectura lo que se está desarrollando es la ruta fonológica. Es la etapa más difícil ya que exige un triple proceso. En primer lugar, el niño debe tomar conciencia de que el lenguaje oral se divide en partes más pequeñas (sílabas y fonemas). En segundo lugar debe asociar unos signos abstractos con unos sonidos con los que no tienen ninguna relación, en el signo gráfico no hay nada que indique cómo es su pronunciación. Por esta razón, al comienzo de esta etapa, se producen muchos errores de sustituciones de unos fonemas por otros, especialmente en aquellos grafemas que comparten muchos rasgos tanto visuales como acústicos (“b” y “d”, “p” y “q”, “m” y “n”). Y por último, el niño asocia o ensambla los distintos sonidos que va obteniendo del descifrado y forma las palabras.A medida que el niño va aplicando correctamente las reglas de conversión grafema-fonema se va encontrando con una serie de palabras que se repiten con mayor frecuencia y, en base a verlas una y otra vez, las va memorizando y se va formando una representación interna de estas palabras, con lo cual podrá leerlas directamente sin tener que transformar cada letra en sonidos. En todas las lenguas alfabéticas el lector inicial va a incorporar ambas rutas de reconocimiento de palabras; tanto la fonológica como la léxica u ortográfico-visual. La experiencia lectora y el tipo de palabras que se deben reconocer (familiares o no familiares, de alta o baja frecuencia), van a generar en el sujeto una cierta acomodación de sus estrategias lectoras. De ese modo, tras un tiempo de experiencia lectora en que predominen palabras de alta frecuencia, es el propio niño el que va a poner en juego procesos globales de reconocimiento de palabras, al margen de la regularidad o no de la escritura.
Sólo en el caso de enfrentarse a palabras de baja frecuencia, poco familiares, o irregulares, va a ser necesario tener en cuenta la especial codificación del sistema de escritura en cuestión. En el caso del español, el procesamiento de palabras de este tipo se va a hacer sencillamente a través de la ruta fonológica. Esa vía indirecta de reconocimiento de palabras, a través de la fonología, se ha generado en el lector prácticamente en las primeras fases de este aprendizaje.
Para poder leer es imprescindible conocer las letras. Por tanto, lo primero que tenemos que saber es si el niño conoce el sonido de todas las letras. Lo importante es que conozca el sonido, por tanto el niño ante la letra “f” puede decir “efe”, “fffff” o “fe”. En los tres casos se demuestra conocimiento de la regla de conversión grafema-fonema. También es especialmente relevante, sobre todo para las dificultades detectadas en el primer ciclo de E.G.B., comprobar si las dificultades para adquirir las reglas de conversión grafema-fonema se deben a la dificultad del niño para tomar conciencia de los fonemas que componen las palabras. Para evaluar el conocimiento fonológico se pueden proponer actividades de deletreo de los fonemas de las palabras, contar los fonemas, tareas de rimas, omisión, adición, etc.
Todas las investigaciones coinciden en que el desarrollo de la conciencia fonológica es un requisito imprescindible para la adquisición de la lectoescritura. Las tareas de análisis de las unidades fonémicas benefician a la escritura y las tareas de síntesis (unión o ensamblaje de palabras, sílabas y fonemas para formar frases y palabras (ejemplo /c/ + /a/ +./s/ +/a/ = /casa/ ) favorecen a la lecturaEs importante que las tareas de conciencia fonológica se adapten a las características del alumno para que estas representen conflictos cognitivos beneficiosos, ni excesivamente fáciles ni difíciles. Es también muy recomendable propiciar la escritura utilizando abecedarios móviles, con distintos caracteres de grafías, como medio para componer libremente palabras a las que agrega, quita, sustituye o altera el orden de las letras.
Otros procedimientos para la enseñanza de la asociación grafema-fonema son aquellas actividades que involucran dos o más modalidades sensoriales. Se procura que los alumnos utilicen la vista, el oído, el movimiento y el tacto para asegurar la asociación grafema-fonema. Por ejemplo: para reforzar la asociación entre el grafema “m” y el sonido /m/, el procedimiento podría ser el siguiente:

| Presentamos el grafema y lo asociamos con una forma real a la que el grafema pueda semejarse. Ejemplo (Ayuda visual) la “m” tiene forma de montaña; la “S” es como una viborita. |

| Decimos el sonido “m” y lo alargamos para identificarlo mejor. Este sonido coincide con el sonido inicial de “mmmmmontaña” y buscamos otras palabras que comiencen o contengan el sonido “m” "mmmmesa”, (Ayuda auditiva) |

| Recorremos caminos en el suelo imitando la forma de “m” y dibujamos en el aire, en la pizarra, en un papel, en una caja con arena la letra “m” nombrando su sonido. (Ayuda kinestésica o de movimiento). |

| Identificamos o diferenciamos sólo por el tacto la forma de “m” de otras formas recortadas en cartón, madera, papel de lija, moldeada en plastilina, arcilla etc. (Ayuda táctil) |

| Podemos asociar cada uno de los fonemas con sonidos significativos para el niño: ejemplo: “FFF” suena como el viento; “YYY” como la lluvia o cuando pedimos silencio; “JJJ” como el rugido del león; la “GGG” suena más suave, como el maullido del gato. |
La enseñanza de la lectura y escritura es una actividad cognitiva compleja por lo que debe exigir la participación activa del alumno (Solé, 1992). Debe ser una actividad, una tarea conjunta entre docentes y alumnos, con responsabilidades diferentes, con participaciones variadas y con el claro objetivo final de que el alumno se convierta en un lector experto, autónomo y competente. Pero que fundamentalmente pueda disfrutar de la lectura, considerarla como una herramienta imprescindible y vivenciarla como una experiencia satisfactoria, enriquecedora y placentera.