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2. CONTINUACION DE NUESTRO MARCO TEORICO PARA LA ALFABETIZACION DEL LUDILECTOGRAFO

A lo largo del siglo veinte existió un marcado interés en conocer cómo los niños aprenden a leer (Adams, 1990; Chall, 1960); pero sólo en los últimos treinta años es que las raíces de la alfabetización temprana empezaron a ser investigadas de una forma sistemática (Clay, 1975, 1979; Ferreiro y Teberosky, 1982; Sulzby y Teale 1991, Teale y Sulzby, 1986).
En una publicación de Whitehurst y Lonigan en 1998, aparece el concepto de "alfabetización emergente". Este concepto se refiere a la continuidad cognitiva que hay entre el desarrollo de las habilidades y destrezas previas y necesarias para el aprendizaje de la lectura con su dominio como lenguaje escrito.

El término alfabetización emergente es definido como los conocimientos y acciones de lectura y escritura que preceden y conducen a la alfabetización convencional, es un concepto más completo y abarcativo que el de "aprender a leer", pues implica que hay un desarrollo cognitivo y verbal que es continuado, entre el aprendizaje del lenguaje oral y la apropiación escolar del lenguaje escrito La lectura formal emerge y se configura por la interacción de las habilidades cognitivas con los métodos pedagógicos y las oportunidades que aporta el ambiente socio cultural, proceso que empieza cuando el niño aprende a hablar El aprendizaje de la lectoescritura es un proceso de carácter cultural, que no se produce natural o espontáneamente por el solo contacto con un ambiente alfabetizado. Si este aprendizaje fuese de carácter natural, el sólo hecho de saber hablar implicaría la posibilidad de aprender a leer y a escribir. Es un proceso muy complejo que a través de los métodos y las estrategias pedagógicas adecuadas activa en los alumnos las habilidades y destrezas de orden cognitivo y neuropsicológico necesarias para que dicho aprendizaje suceda sin dificultades. En el aprendizaje del lenguaje escrito se activan capacidades y habilidades cognitivas diferentes de las que son necesarias para hablar.

El proceso de apropiación mental del lenguaje escrito, en los niños que ingresan al primer año de E.G.B., tiene mayor o menor éxito según sea el desarrollo cognitivo alcanzado por ellos en los años del Jardín de Infantes. En este proceso el rol activo e irremplazable que cumplen el alfabetizador y el grupo de pares es fundamental y fundacional. El intercambio de reflexiones, de estrategias, las modalidades personales utilizadas en la resolución de conflictos cognitivos, la calidad y variedad de actividades y experiencias alfabetizadoras que vivencien juntos, son de una magnitud invalorable. Sobre todo si consideramos al aprendizaje como un relevante y significativo hecho social, en el cuál todos aprendemos de todos y con todos.

El término “zona de desarrollo próximo” fue definido por Vygotski como: “La zona proximal de desarrollo es la distancia entre el nivel actual de desarrollo, determinado por la capacidad de resolver independientemente un problema y el nivel de desarrollo potencial, determinado a través de la resolución de un problema bajo la guía de un adulto o en colaboración con otro compañero más capaz” (Vygotski, 1998). La zona de desarrollo próximo define capacidades que todavía no se han desarrollado pero que están en proceso de hacerlo: lo que un niño es capaz de hacer hoy con ayuda de alguien, mañana podrá hacerlo por sí mismo. La enseñanza y el aprendizaje deben ampliar continuamente el horizonte de la zona para que el desarrollo no se detenga. Según Vygotsky el ”buen aprendizaje” es sólo aquel que va por delante del desarrollo.

La Alfabetización Emergente es una innovación a la idea de que el aprendizaje de la lectoescritura se empieza en el primer año. Los procesos psicolinguísticos que los niños debieran traer desarrollados desde el Jardín configuran un umbral indispensable para construir el aprendizaje formal del código escrito. Este concepto implica considerar que no hay un momento preciso en el cual se aprende a leer, sino que este aprendizaje es un proceso que va construyéndose en la medida en que el desarrollo cognitivo de cada niño permite hacerlo adecuadamente. Las deficiencias del desarrollo cognitivo y verbal que afectan el aprendizaje lector, deben ser detectadas oportunamente en los niños en el Jardín de Infantes, y a partir de esta detección elaborar las estrategias pedagógicas tempranas e intensivas para atender a los alumnos que presentan riesgos. Estas estrategias tienen que ver específicamente con la prevención de posteriores dificultades en el área específica de la adquisición de la lectoescritura.

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